En Los Barrios,

Una plaza con olor a flor y a tradición

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La Plaza de Flórez abrió sus puertas en 1891 y desde ese día no ha parado el comercio en este lugar. Además, es considerada como un patrimonio de los antioqueños, pues ha logrado mantener viva la cultura paisa a través del tiempo.

Este lugar, cuenta Daniel Ramírez, miembro de la Academia Antioqueña de Historia, nació 66 años antes del desfile de silleteros, gracias a una donación de terrenos por parte de Rafael Flórez, de ahí la razón por la que esta plaza se llama Flórez y no flores. Sin embargo, antes de ser una plaza de mercado fue cuartel de la policía, plaza de toros y finalmente, la primera plaza de mercado en Colombia cubierta.

Desde un comienzo uno de los productos principales que allí se vendían eran las flores, “las mujeres de la época se acercaban a este lugar a comprar las flores más hermosas para adornar sus casas”, comenta Ramírez.

“Las primeras flores que llegaron a la placita fueron traídas por los campesinos de Santa Elena y de San Cristóbal”, destaca Ramírez. Esto se hacía por medio de silletas, sillas que servían como transporte de flores, alimentos e incluso, personas. La llegada de ellos era algo que llamaba mucho la atención y poco a poco se comenzó a ver como una tradición, dando origen al Desfile de Silleteros que se realiza cada año en la Feria de las Flores.

Las flores en este lugar no se venden solo en agosto durante la Feria, están presentes todo el tiempo y su comercio inicia muy temprano, a eso de las 4 de la mañana y finaliza a las 12 del día.

Llegué a las 8 de la mañana y la actividad comercial estaba en su punto mayor. Se escuchaban muchas personas hablando a la misma vez, entre lo que pude oír estaban regateando precios de las diferentes flores, otros dialogaban entre sí para saber cuál era la flor indicada para llevarse a casa.

Continuado mi recorrido era inevitable sentir el olor de las flores, su perfume estaba impregnado por todo el primer piso del lugar, el aire era dulce, un espectáculo lleno de color,  pues había flores de todos los tonos y tamaños. Cada vendedor buscaba llamar la atención entre los demás, al ofrecer sus flores con diferentes arreglos y adornos para exaltar la belleza de los ramos. Entre las más populares destacaban: las rosas, orquídeas, girasoles y hortensias. Pero a cada flor se le da un uso diferente y eso fue lo que me contó Luz Idalia Ruíz, dueña del local “Flores de la Cruz”, pues son diferentes las que se utilizan para un matrimonio que para un entierro, para regalar a la novia, para una primera comunión, entre otros. Por ejemplo, para temas amorosos las favoritas son las rosas y para un entierro, son los lirios.

Después de apreciar por un largo rato la belleza y la variedad de flores, observé una escalera que lleva al segundo piso de la placita. Mientras subía por ella pude percibir un cambio en el olor, ahora se sentía un aroma a eucalipto y a plantas medicinales. Allí, a diferencia del primer piso, no había presencia de flores sino de plantas curativas como el jengibre, la ortiga, la sábila, el aloe vera y por supuesto, el eucalipto. En este espacio no había tantas personas como en la planta baja. Esto, según mencionó uno de los vendedores,  se debe a que las nuevas generaciones ya no creen en las plantas como remedios alternativos para combatir enfermedades o para lo que cada persona necesita,  por ejemplo, algunas se emplean para eliminar la mala energía, para proteger el hogar, para atraer la prosperidad económica y entre muchas otras.

Así finalizó mi recorrido por este lugar, que sin saberlo, guarda tanta tradición, es un rincón que recuerda lo que era la Medellín de antes, perfumada por las flores y las sonrisas de sus habitantes.

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