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Sus jardines son una gran silleta

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Por Dafna Vásquez
periodista@gente.com.co

Conozca la historia de 3 vecinos que dedican su vida al cuidado de las plantas, a embellecer y alegrar los espacios de nuestros barrios.

Aunque no son coleccionistas, cada que Juan Carlos, Margarita y Martha ven una planta que no tienen no duermen tranquilos hasta conseguirla. La ventaja de su afición es que si después se dan cuenta de que está repetida, no importa, pues en la jardinería una nunca es suficiente.

Las manos de Juan Carlos son mágicas

La mayor hazaña de Juan Carlos Saldarriaga es rescatar aquellas plantas que la gente bota a la calle pensando que ya no tienen salvación. Lo que no saben es que en las manos de este aficionado todo, absolutamente todo, pelecha.

Esa pasión, o habilidad, la heredó de su madre. No había ni siquiera aprendido a hablar bien cuando se llenaba los bolsillos del pantalón de semillas para sembrarlas en el patio, por eso es que desde hace 20 años los vecinos de Belén La Nubia, y sus alrededores, le confían sus jardines.

Él mismo, de manera empírica, prepara los abonos e insecticidas. Lo suyo es pura intuición, “por eso a veces funcionan y otras no, pero procuro que sean naturales, para eso están el estiércol, el ajo, el ají, el compost o el humus de mi lombricultivo”.

En el Parque La Chinca Juan Carlos tiene a su cuidado cerca de 200 variedades de matas, ese, dice, es su vivero. De ahí saca las plantas que llevaba a otros jardines. Aunque este hombre de 37 años es mecánico industrial de profesión, prefiere tener las manos untadas de tierra, “me encariñé y todo el día las cuido, ellas son como mis hijas”.

Margarita Rosa tiene su propio Edén

¿Que cuántas plantas tiene Margarita Rosa Echavarría? 1, 2, 3, 4…20, 21, 22…110, 111… 160… Quizá unas 700 o 750 (mal contadas), porque son tantas que ni siquiera ella es capaz de lanzar una cifra exacta. Su pequeño paraíso, con microclima incluido, se asoma por una terraza gigante, de esas que escasean cada vez más en las nuevas edificaciones. Ahí tiene anturios, curazaos, orquídeas, cactus, dracenas, helechos, brevos, crasas, bonsáis, bromelias, entre otras plantas que la han hecho ganar más de un concurso.

Esta vecina vive alrededor de ellas y de esa afición que a veces le impide decir no cuando alguien quiere venderle o regalarle otra. “Pero una nunca es suficiente, por eso cada que voy de viaje traigo una mata”. Aunque desde que tiene memoria le han gustado las plantas, confiesa que esta pasión creció hace 5 años, que entró al Club de Jardinería El Poblado.

Lo primero que Margarita Rosa hace en las mañanas es ir a hablarles, pero no solo las admira, también las regaña: “Póngase, pues, bien bonita o salgo de usted”, y como si fuera una sentencia, a los pocos días florece. “Son muy agradecidas”.

“Más que un jardín, es amor por el medio ambiente”

Esa necesidad de tener un gran jardín y generar conciencia ambiental en los envigadeños llevó a Martha Lucía Fernández a convertir la Urbanización Suramericana en un corredor verde.

“La idea es que nos sintamos como en una finca, por eso todos cuidamos los jardines, les hablamos a las matas y producimos el abono con los residuos orgánicos de cada apartamento. Realmente acá hay sentido de pertenencia”.

Pero esa afición, dice, no es algo nuevo. “Desde pequeña amo los colores, las tonalidades de verde y el montón de flores que nos da la naturaleza, pero como siempre he vivido en lugares pequeños nunca había podido tener plantas”, hasta que llegó a la administración de Suramericana y cumplió su sueño.

Cada mañana Martha recorre la urbanización. Contempla los botones de oro, los anturios, las primaveras, las caracolas, los francesinos, las pencas, las suculentas y las rosas; mientras que se fija en las hojas nuevas y las necesidades que puedan tener. Una orquídea florecida es una fiesta y un impulso más para seguir ganando concursos de gestión ambiental.

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