Cultura,

Pintores antioqueños que rinden tributo a las flores

pintores-antioquenos-que-rinden-tributo-a-las-flores
Ángel Orrego Arenas
angelor@elcolombiano.com.co

La presencia recurrente de elementos florales en las casas, parques y campos, influenciaron la obra de artistas locales en la historia.

Para hablar de las flores en la pintura debemos remontarnos al siglo XVII, tiempo en que se desarrolló el bodegón, un género pictórico que surgió principalmente en los Países Bajos (Holanda) cuando los artistas se dedicaron a hacer retratos y escenas de la vida cotidiana.

Para Diego Arango, doctor en Artes e investigador de la Universidad de Antioquia, por lo general, los bodegones se hicieron con el objetivo de decorar espacios y lugares. “Buscaban generar verosimilitud en las representaciones, además de una armonía y un juego cromático que alegrara los ambientes”, explicó.

Aspectos como calidad en la interpretación de la luz y el color, y en la variedad de las flores, dejaban ver el virtuosismo del artista.

“El pintor buscaba sugerir lo táctil, las texturas, eso era lo que más valor les daba a esas obras: la variedad, colores y formas”, dijo Arango.

En el ámbito local

Al ser la flor un motivo recurrente, y dada su abundancia en los hogares antioqueños, el arte en el territorio también resultó influenciado.

El experto asegura que la flor en sí es un motivo muy característico del arte antioqueño, por lo que al referirnos a artistas habría muchos que se deben considerar.

“Hay muy pocos pintores antioqueños que no hayan hecho si quiera un bodegón de flores, porque es uno de los motivos regionales, la flor”, subrayó.

De acuerdo a Arango, al revisar, por ejemplo, el lenguaje de la acuarela en Antioquia, una persona como Jesusita Vallejo de Mora Vásquez resulta fundamental, porque toda su vida y obra la dedicó a realizar acuarelas de una calidad sorprendente.

También están todos los artistas de la Escuela Antioqueña de Acuarela, que fueron por los campos, a las veredas, a oriente y occidente del departamento, pintando los efectos de la luz sobre tapias y paredes, con motivos como rosas, margaritas, dalias y todo tipo de flores.

Otros personajes como Humberto Chávez, Pedro Nel Gómez y la familia Vieco también plasmaron la flor en algunas de sus obras. Un elemento presente en el paisaje antioqueño y en el arte.

FLORES, FERNANDO BOTERO
Fernando Botero, uno de los pintores y artistas plásticos más reconocidos del país, también pintó varios bodegones durante su carrera. Su trabajo goza de un amplio reconocimiento internacional y sus creaciones son piezas inconfundibles, gracias al gigantismo característico de las formas. Esta obra (ver foto), que además se exhibe en el Museo de Antioquia, retrata los motivos florales del maestro de acuerdo a su estilo. Sin embargo, Castaño Uribe explica que las flores que pintó Botero, más allá de ser modelos, son un pretexto para ensayar una amplia gama de colores que no son habituales en su trabajo. Tal como se aprecia, ahí pudo utilizar una paleta muy diversa, además, el experto acota que es una pintura de género tradicional que no busca tener un significado más allá de la representación artística. “En Botero es muy raro que una obra tenga un significado más allá, es un tema que está relacionado con un asunto pictórico”, comentó Castaño Uribe.

FOTO: Cortesía Museo de Antioquia

LA NIÑA DE LAS ROSAS, FRANCISCO ANTONIO CANO
Francisco Antonio Cano fue un célebre pintor, escultor y grabador antioqueño, nacido al norte del departamento en el municipio de Yarumal. Vivió entre los siglos XIX y XX (1865 – 1935) y pintó en 1906 esta obra titulada “La niña de las rosas”. Camilo Castaño Uribe, curador e investigador del Museo de Antioquia, opinó sobre la pintura que la pieza tiene gran peso porque involucra una acción y una persona, y muestra un jardín que deja ver cómo eran esos espacios a cielo abierto y solares de las casas de antaño. “Esa obra habla de una naturaleza domesticada, de un tema de la vida privada, del jardín. Ahí el artista está plasmando la vida privada, porque es en la esfera de lo íntimo donde se cultivan flores para uso propio, entonces es una domesticación de la naturaleza”, expuso Castaño Uribe. Para el experto la obra no tiene un significado o un trasfondo, simplemente el artista la habría realizado por el valor pictórico de la imagen.

EL PUEBLO Y EL GUAYACÁN, ETHEL GILMOUR
Ethel Gilmour fue una artista estadounidense que vivió durante 37 años en Medellín (desde 1971) y desarrolló gran parte de su obra en territorio nacional. Se desempeñó incluso como docente en el pregrado de Artes de la Universidad Nacional y en sus obras plasmó mensajes críticos sobre una sociedad colombiana atravesada por la violencia desde los años 70. En esta pintura, titulada “El pueblo y el Guayacán”, Gilmour intentó plasmar una idea de renacimiento asociada al emblemático árbol; planta que se queda sin hojas y sin flores, y reinicia su ciclo. Además, adquiere importancia ya que se realizó en la madurez de la artista. Así lo explicó el experto Castaño Uribe, quien acotó que “Ethel hace esa obra en un momento en el que está ya cercana a su muerte (falleció en 2008), tenía cáncer. Ella entiende el florecimiento en un sentido más expandido. Además, viene de un país con estaciones, entonces comprende mucho mejor ese sentido”.

Compartir
shares