Cultura,

Otras ferias de flores que se celebran en el mundo

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Formas y texturas florales son el centro de celebraciones en diferentes ciudades de los cinco continentes.

Es difícil imaginar cómo piensa o siente una persona que nació y creció a miles de kilómetros del lugar en que lo hicimos nosotros. Solemos creer que las diferencias son abismales y que sería difícil entendernos. Sin embargo, si bien cada cultura tiene sus particularidades, hay sentimientos que nos son comunes, idiomas que todos hablamos. Uno de ellos: la sensibilidad por la belleza de las flores y la naturaleza. 

 

“Todo lo que tenga que ver con exhibir una flor se convierte en carnaval”, expresó Martín Atehortúa, silletero de Santa Elena hace más de 20 años y heredero de una tradición familiar de 64. “Cuando uno ve un ser humano alegre, sin importar de dónde sea, uno se alegra. Lo mismo pasa con las flores”, asegura.

 

En el marco de la Feria de las Flores, Martín ofrece talleres sobre su lenguaje y los sentimientos que transmiten, y explica que “todos los seres humanos tenemos esa sensibilidad. Es muy simbólico. Vos ves una florecita blanca en cualquier parte del mundo y sabés que hay un tema de resiliencia y tranquilidad”. 

Y aunque en cada mes de agosto nuestra feria nos hace sentir más antioqueños que nunca, no somos los únicos. Las flores son símbolo de identidad regional en cientos de lugares remotos que guardan esta conexión profunda con nuestras montañas. 

 Flores para la resiliencia en Filipinas

En el idioma indígena Kankanaey, la palabra Panagbenga significa “tiempo de florecer”.  Los habitantes de Baguio, una ciudad ubicada al norte de Manila en Filipinas, bautizaron su festival con este término, no solo en alusión a las miles de flores que llenan de color sus calles cada año en febrero, sino al proceso de reconstrucción que siguió tras el terremoto de Luzón que afectó a la isla en 1990. Durante un mes completo, la ciudad recibe a cerca de un millón de turistas y es escenario de desfiles de carrozas y esculturas elaboradas con flores y concursos de danzas tradicionales que narran las costrumbres indígenas de la región como símbolo de resiliencia. 

Herencia prehispánica en México

 

Desde tiempos prehispánicos, el pueblo indígena de Tenanitla –hoy llamado barrio San Ángel en Ciudad de México– le rendía culto a Xiuhtecuhtli, dios del fuego y señor de las flores. A la deidad se le atribuía el éxito de las cosechas y en su nombre se realizaban ofrendas y celebraciones que en el siglo XVII los frailes carmelitas descalzos asociaron a la Virgen del Carmen. En el año 1857 la costumbre fue oficializada y aún cada año en este barrio se celebra la Feria de las Flores de San Ángel, que tras 164 ediciones se ha convertido en una de las manifestaciones culturales más antiguas del continente. Durante una semana los balcones y fachadas del barrio se llenan de flores y sus calles son escenario de exposiciones, desfiles, comparsas, ferias, obras de danza y teatro. 

Un camino de arte con pétalos en Italia 

 

Desde hace 200 años, el mes de junio es sinónimo de flores para los romanos. En celebración del Corpus Christi, la vía Ítalo Velardi, calle principal del pueblo Genzano en Roma, es cubierta con miles de pétalos, flores y semillas meticulosamente ubicados para formar 14 cuadros religiosos. La Infiorata di Genzano tiene origen en la práctica de lanzar flores al aire en las celebraciones de Semana Santa y aún hoy diversas regiones católicas del mundo la emulan con tapetes de pétalos. La fiesta inicia el día jueves, cuando las flores son deshojadas y separadas por colores para “pintar” las figuras dibujadas en el piso previamente. Los cuadros permanecen expuestos sobre el suelo hasta el lunes, cuando la alfombra floral es atravesada por una banda de música y los niños corren sobre ella deshaciendo las figuras. 

Los cerezos en flor anuncian la primavera en Japón

 

Hace más de mil años los japoneses le pusieron un nombre al ejercicio de contemplar la floración del sakura, el árbol de cerezos más popular del país: Hanami. La tradición tuvo origen entre los años 710 y 794 en el periodo de Nara, resultado de la influencia de la dinastía Tang procedente de China, y hoy esta flor se ha convertido en uno de los símbolos de identidad nacional. Para los japoneses esta actividad se relaciona con la apreciación de la belleza siempre efímera: el periodo de floración generalmente no dura más de dos semanas y se da entre finales de febrero e inicios de mayo. Durante este tiempo, los grupos de amigos y familias acostumbran madrugar a reservar un espacio bajo los árboles para sentarse y compartir desde tempranas horas de la mañana, debido a la gran afluencia de visitantes. 

Un valle de rosas en medio de un desierto en Marruecos

 

Para los habitantes de Kelaât M’Gouna en Marruecos las rosas son mucho más que decoración: su cultivo y transformación en diferentes tipos de productos, como aceites y perfumes, constituyen su principal actividad económica. Por esta razón cada año en mayo, cuando empieza la gran temporada de floración, es celebrado el festival de flores local. El evento llena de color, música y danza las calles de la ciudad y, a su vez, reúne a investigadores y profesionales del sector en torno a seminarios científicos y encuentros académicos para explorar y evaluar nuevas posibilidades en el mercado. En atención a esta vocación económica, recientemente fue creada la “Casa del perfume de rosa”, en la cual hay un museo de perfumes de rosas, un laboratorio y salas de exposiciones y conferencias.

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