La Feria,

Medellín celebra la Feria “Al son del bolero”

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Por Maria Paula Hernández

La ciudad ha sido protagonista de una tradición musical que florecerá los próximos jueves 12 y 19 de agosto en el Málaga. 

Prepárese para el viaje. Desempolve la nostalgia y aliste sus mejores recuerdos para volver al pasado en el Salón Málaga. El tradicional bar ofrecerá en estas ferias dos veladas dedicadas al bolero, a las serenatas de balcón, al amor a la antigua. Los próximos dos jueves, con un show de música en vivo los visitantes podrán sentir que reviven las décadas de los 50, 60 y 70 a través de la cultura musical que marcó a toda una generación en la ciudad. ¿Cómo se tejió esta conexión?

Es difícil establecer el inicio de la historia de amor entre Medellín y el bolero, como es difícil establecer casi siempre cualquier inicio. Se sabe, eso sí, que el auge del cine latinoamericano en los años cincuenta tuvo un papel fundamental: boleros mexicanos y españoles daban vida a las bandas sonoras de las películas y viajaban entre rollos de celuloide hasta diferentes ciudades del cono sur, trayendo voces y melodías que se seguirían escuchando durante décadas. 

Así lo explica Víctor E. Ortiz G., miembro de la Academia Antioqueña de Historia y asesor del Salón en temas de cultura y patrimonio. “Fue también la época en que nació el Salón Málaga que, sin ser especializado en el género, lo hizo sonar como parte importante de su variedad musical de manera natural por el auge que tenía”. 

Sin embargo la gran diferencia en el caso de Medellín, asegura, estuvo a cargo de las grandes casas disqueras y empresas de fonograbación que tenían presencia en la ciudad y que hacían que la distribución de los discos se diera casi de manera inmediata, construyendo formas diferentes de relacionarse con los artistas y con la cultura musical de la época. 

“Somos muy musicales. Nosotros y la generación que nos antecedió, nuestros padres y abuelos”. La rapidez de los procesos de la industria musical generaba, a su vez, ritmos de consumo que convirtieron a Medellín en un punto clave de llegada para grandes artistas de la época, que pasaban semanas alojados en importantes hoteles de la ciudad como el tradicional Nutibara. 

“Teníamos la oportunidad de tener primicia de importantes cantantes de varios géneros. Los discos salían calienticos como de una panadería para ser distribuidos directamente en nuestras emisoras. Los boleristas se presentaban en clubes sociales y teatros”. Era el eco de una cultura de consumo musical que la ciudad además venía desarrollando desde inicios de siglo y que, por ejemplo, había traído hasta aquí a Gardel, explica Ortiz. 

A pesar del paso de los años y la popularización de nuevos géneros, el bolero continuó ligado a la cultura musical medellinense. ¿Cómo es que se perpetuó esta conexión hasta nuestros días?

“Mi mamá tenía guardadas en una cajita todas las tarjeticas de las serenatas que le llevó mi papá e incluso de las que le llevaron otros novios, y la cajita ahora la tengo yo. ¿Qué era lo que le cantaban? Boleros. Iban al balcón, a la ventana o a la sala cuando ya se permitía por confianza que entrara el dueto o el trío. Los boleros han sido el género de los enamorados”. 

Además, asegura, el arraigo del bolero en nuestra cultura está muy relacionado con la relación estrecha que tenemos con culturas como la española, mexicana o cubana, de las que hemos recibido tantas influencias musicales.

“Es muy particular que en Colombia sepamos de Armando Manzanero y que sepamos tanto, o de las interpretaciones que hizo Celia Cruz, aún sin ser una cantante de boleros. O que varios baladistas de lo que nosotros adoptamos como música romántica hubieran empezado sus carreras en el bolero, como Camilo VI o José José”. 

Pues bien, esta es la tradición musical que celebra cada jueves el Salón Málaga cuando don Gustavo Arteaga, su fundador, sube al balcón después de almuerzo, escudriña su fonoteca y selecciona entre más de 7.000 discos sus mejores boleros. Por Feria de Flores la fiesta incluirá show en vivo e irá desde las 5:00 p.m. a la 1:00 a.m. 

“Es como volver a la vida esas canciones, esos amores. Lo más bonito es ver a las parejas de viejitos bailando. Justo en ese momento el tiempo se detiene una vez más en el Salón Málaga”.

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