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En el pasaje Cervantes florece la cultura

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Por Maria Paula Hernández

Durante tres días se celebrará el festival Cervantes Florece, con eventos artísticos y pedagógicos que les hacen eco a siglos de historia cultural en esta zona de la ciudad. 

No tiene más de cien metros de largo, pero en él hay espacio para teatro, gastronomía, café, arte, música, fotografía, sastrerías, vivienda y diseño. No es un gran parque o plaza, pero congrega a estudiantes y artistas, residentes y viajeros que encuentran en él un refugio en medio del ruido de la ciudad. El pasaje Cervantes está ubicado entre Ayacucho y Pichincha, frente a la Registraduría de las Torres de Bomboná y a una cuadra de la estación Pabellón del Agua del tranvía, y esta semana hará alarde de todos sus vecinos, entidades culturales que decidieron unirse para hacerlo florecer en esta feria.

Del miércoles 18 al viernes 20 de agosto, este será el escenario de talleres, muestras artísticas, conversatorios y mercadillos, una completa programación armada entre los vecinos del lugar: el Instituto de Bellas Artes, la Universidad de Antioquia, el Café Ruda, La Fotografía, el Teatro El Trueque, el Café Cervantes y la Unión de Ciudadanas. Todo el proyecto está articulado por el Distrito San Ignacio, la Universidad de Antioquia, el Instituto de Bellas Artes y la Gerencia del Centro.

No es gratuito que en este lugar confluyan tantas aristas de la escena cultural del centro. Ubicado a solo dos cuadras de la plazuela San Ignacio, este pasaje es heredero de una tradición cultural de siglos, como lo explica Ana María Muñoz, responsable de Integración Cultural de Distrito San Ignacio, una alianza público-privada que trabaja por la gestión territorial a través de la cultura, educación y patrimonio de las 62 hectáreas circundantes a la plazuela.

“Ahí empieza el colegio Las Primeras Letras, luego el primer colegio de niñas que fue el colegio La Presentación que es donde queda la Policía Metropolitana, y un montón de claustros nuevos como El Sufragio que empezaron a darse porque el Colegio Central de la Universidad de Antioquia quedaba ahí cerquita”.

Muñoz cuenta que en esa zona estuvo también la Escuela de Artes y Oficios, y se presentó en 1827 la primera obra de teatro en Medellín debajo de un techo, justo en el Claustro que ahora es de Comfama. Años después se crearía también ahí la Escuela de Teatro de Antioquia y tuvo su auge uno de los primeros grupos de teatro importantes de Medellín que fue el del Colegio San Ignacio. “Eso generó, desde hace muchos años, una concentración de espacios educativos e iniciativas culturales en esa zona del centro”.

A inicios de los años 70 la élite que residía allí empezó a migrar hacia otras zonas de la ciudad como Laureles y El Poblado, y las casonas que quedaron desocupadas fueron habitadas por nuevos grupos de teatro que buscaban espacios generosos para sus salas. Así llegaron el Pequeño Teatro, el Matacandelas y el Teatro Popular de Medellín.   

Esta vocación cultural de la zona atrajo entidades educativas como un imán, y así se creó el Instituto de Bellas Artes, que desde comienzos de los años 70 tuvo su sede en un conjunto de casas de propiedad de la Sociedad de Mejoras Públicas ubicadas cerca del Pasaje Cervantes. “Era lo que se conocía como Escuela de Artes Plásticas”, explica Carlos Vélez, coordinador de Comunicaciones y Extensión Cultural del Instituto de Bellas Artes.

En 1994 se inauguraría la sede actual del Instituto sobre el pasaje. Desde el comienzo la idea fue hacer intervenciones para crear una atmósfera diferente, y de esa época es herencia la cabina de teléfono de casi tres metros de altura que está ubicada frente al edificio. “Hace parte de una obra de arte de un egresado nuestro y quedó ahí en el espacio público”.

Siguiendo el magnetismo del lugar llegó también hace un par de años el Teatro El Trueque. “Soñábamos con esa casa en el pasaje porque es muy estratégica”, cuenta Ana María Otálvaro, directora y actriz. “Es peatonal y con vecinos muy importantes para realizar alianzas, como instituciones educativas alrededor, la Unión de Ciudadanas, el tranvía que transformó la calle Ayacucho y negocios con más de veinte años”.

Entre estos se encuentra la tienda de fotografía análoga La Fotografía. Este negocio familiar ha estado allí durante más de 40 años y se ha consolidado como uno de los puntos clave para quienes conocen y disfrutan de estas técnicas de revelado. También allí está el bar de rock Verinaiz, que desde hace 20 años le ha impreso el carácter a la identidad musical de este lugar.

La zona además se ha consolidado como un punto de encuentro y crecimiento para el movimiento feminista de la ciudad con el Café Ruda y la Unión de Ciudadanas. Desde hace más de diez años el pasaje se convirtió en el lugar predilecto para finalizar las marchas del 8 de marzo, y empezaron a realizarse ciclos de cine y documental sobre feminismos, conversatorios y muestras de música hecha por mujeres.

“Quisimos crear un negocio colectivo con una estética y una narrativa feminista para llevar al centro otro tipo de propuestas. Tenemos una librería feminista en la que ofrecemos títulos que no se consiguen fácilmente y exponemos muestras de arte, cultura y apoyo a productos elaborados por mujeres”, explica Marta Restrepo, integrante de la Red Feminista y Antimilitarista, organización a cargo del Café.

Tres días de festival

Habrá tres diferentes ejes que estructuran el evento y todas las actividades serán de entrada libre. De un lado, durante tres días se celebrará un bazar que concentrará emprendimientos de mujeres, una feria de stickers de estudiantes del Instituto de Bellas Artes, el mercado agroecológico de la Universidad de Antioquia, ventas de libros de la Asociación de Libreros de La Bastilla y un mercado vintage de ropa de segunda. 

Habrá también una franja dedicada al encuentro: talleres, conversatorios, seminarios, lanzamientos de libros, conversaciones sobre arte y recorridos para conocer el centro y fotografiarlo.

Durante los tres días, el festival incluirá presentaciones de danza, música y teatro, así como espacios de cine al aire libre, milonga, talleres de salsa, danza urbana y yoga. Además, los restaurantes de la cuadra se unirán con precios especiales para los asistentes. 

Respondiendo al mensaje de cuidado que acompaña al festival, la jornada del miércoles se abrirá con una acción colectiva y pedagógica de limpieza. “Entre vecinos vamos a coger nuestras escobas y a arreglar el espacio. Después realizaremos una olla comunitaria en tono de convite para quienes nos acompañen”. 

El sueño común es convertir al pasaje Cervantes en un parque de bolsillo, “siguiendo la línea de transformación que se está haciendo con estas calles residuales del centro para convertirlas en espacios públicos, pensando en que los estudiantes tengan donde estar”. 

Muñoz explica que en las 62 hectáreas circundantes a la plazuela hay más de 120.000 estudiantes. “Y en el centro no hay campus universitarios, sino puros edificios. Así que los estudiantes se ven obligados a comer en la calle prácticamente. Por eso necesitamos más espacios públicos en esta zona de San Ignacio que en últimas es una gran escuela con instituciones como el Cesde, el Censa, en Ceipa y muchas otras más”. 

Se trata de volver a poner la lupa sobre la vida cultural de este lugar y, sobre todo, llevarla a las calles. Con más de 40 espacios, entorno de la plazuela San Ignacio se realizan más de 300 eventos culturales al mes, “pero nuestra labor es que esa programación salga también al espacio público para ayudar a que las calles del centro no solo sirvan para hacer vueltas sino para crecer desde el arte y tener experiencias bonitas de ciudad”. 

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