La Feria,

El telón se cierra en la Feria de las Flores

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Por Maria Paula Hernández

Luego de más de un año de aislamiento social, la música, el arte y las tradiciones hicieron vibrar nuestra ciudad. 

Las flores vuelven a Santa Elena y el volumen de la música se va apagando poco a poco. La ciudad retoma su ritmo y vuelve la cotidianidad. Pasó la feria pero queda la alegría de habernos encontrado con amigos otra vez, de vivir nuevamente al sol la magia que trae consigo la feria desde hace más de 60 años.

No fue una feria convencional. Tapabocas, alchol y distanciamiento social hicieron parte del kit básico para disfrutar de noches de conciertos y días de desfiles. Tras un año sin eventos presenciales, la edición 64 de la feria fue un experimento en el que todos aprendimos a celebrar con precaución, a disfrutar cuidándonos.

También fue la ocasión para explorar nuevas temáticas en los eventos programados. Fue el caso del Ball de las Flores, un escenario dedicado a la población LGTBI+ de la ciudad y que priorizó la importancia de derribar barreras de exclusión.

“Esta parte inclusiva es muy importante para generar un cambio en Medellín. Aunque la ciudad haya pasado por muchas cosas de la guerra, suele ser un poco más mente abierta. Es chévere hacer esto para destruir un poco esa mentalidad patriarcal. La sociedad está preparada para este tipo de eventos, para entender que las personas no somos ni un género ni un sexo, solo somos personas y cada persona es un universo”, expresó Juan Esteban Ocampo, asistente al Ball.

Las celebraciones también tuvieron espacio para los más pequeños con eventos como el Desfile de Silleteritos, el Desfile Infantil de Caballitos de Palo, el Festival de las Cometas o el Festival de Cuentería.

“Les encanta todo. Desde estar elaborando la silleta hasta ponerse el traje de campesina y montarse en su caballito de palo. Para ellas eso es como si estuvieran en un parque de diversiones”, expresó Natalia Andrea Giraldo, quien vive en Bello pero vino hasta el centro de Medellín con sus dos hijas a disfrutar el desfile de caballitos de palo.

“Nos gusta que ellas sientan estos enventos, que les saquen amor, que siempre estén muy conectadas porque es una feria demasiado hermosa.  Me fascina cuando tienen en cuenta a los niños”, agregó.

Por su parte, los habitantes de los corregimientos de la ciudad celebraron que la Feria llegara hasta sus casas. “Me parece muy bueno que hayan venido al Limonar porque es primera vez que lo hacen”, señaló Mariluz Cadavid, asistente a la Ruta de las Flores que recorrió las calles de San Antonio de Prado.

Y como siempre, la feria fue la ocasión para que propios y visitantes reconocieran la historia de la cultura antioqueña y de todo lo que nos identifica. Marcela Arboleda, habitante del corregimiento de Altavista, aprovechó para mostrarle la ciudad a un amigo turista que vino a disfrutar estas fiestas. “A él le encanta la bandeja paisa, la cazuela, el ajiaco, el chicharrón, y quería traerlo al desfile porque es donde vemos el espíritu montañero de nosotros, vemos todo lo que somos”.

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