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Crecer entre flores: los niños de la tradición silletera

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Por Maria Paula Hernández

Desde que nacen, los nietos de los silleteros cultivan el sueño de dar continuidad al legado cultural de su corregimiento.

Aunque Luciana Londoño Álvarez no recuerda la primera vez que participó en una Feria de Flores, sabe que lo ha hecho durante toda su vida. Tenía solo cinco meses cuando la llevaron por primera vez al tradicional Desfile de Silleteros en compañía de su familia y un año cuando cargó su propia silleta para nunca más, en sus 13 años, dejar de hacerlo.

Lo que sí recuerda es su casa llena de flores. Las piezas y la sala rebosantes de colores y de formas, como si toda la primavera se hubiera quedado atrapada en un solo lugar. Solo una habitación era diferente. En ella se acomodaban como podían todos sus primos a ver televisión. Los adultos les pedían que se quedaran en ese lugar para que no hicieran travesuras. 

Pero era inevitable. Las ganas de participar eran tantas que todos, hasta los más pequeños, acababan recibiendo alguna tarea para ayudar en el proceso de elaborar las silletas familiares. “Cogíamos unas tijeras y cortábamos en pedacitos el rusco, que es la base que le ponemos a la silleta, o le quitábamos el tallo a las flores. Ahí íbamos adelantando trabajo. Era lo que podíamos hacer con 3 y 5 años que teníamos”.

Desde entonces y hasta ahora esta es la época del año más especial, expresa. “Llega el 1 de julio y ya estoy emocionada porque desde ahí empieza a venir la gente, a ver cómo hacemos la tradición, cómo es nuestra cultura, cómo somos, qué nos gusta. Es muy emocionante que la gente nos aplauda, que nos digan ‘¡vamos silleteros!’, es una felicidad saber que soy silletera y que voy a serlo durante toda mi vida”. 

Heredar una tradición 

Desde hace 23 años se celebra el Desfile de Silleteritos, un evento en el que decenas de niños del corregimiento de Santa Elena caminan con silletas en sus hombros representando el legado que reciben de sus padres y abuelos. 

“Cuando estábamos más pequeños, en tiempos de Feria de Flores no podíamos asistir a clases porque estábamos haciendo el tradicional mandado de trasladar flores de una casa a la otra y ayudar con la elaboración de las silletas”, narra Patricia Atehortúa, analista de calidad de bienestar corporativo de la Corporación de Silleteros de Santa Elena. 

Ante la ausencia de niños en las escuelas, se creó la iniciativa de crear este evento en colaboración con las instituciones educativas. La acogida fue tal, que el desfile se ha mantenido durante más de dos décadas y continúa vigente: este sábado 6 de agosto se celebrará desde las 10:00 a.m., saliendo del Parque Principal. 

Además: La historia de la Feria en imágenes

Angélica Maria Soto Londoño, silletera de la vereda Barro Blanco y abuela de Luciana, expresa que en el corregimiento los niños se involucran desde que nacen porque eso “está en la mente y en el corazón. Nacen con ese chip y ese anhelo de ser partícipes y formar parte de esta labor tan bonita”. Como el proceso es tan familiar, cuenta, desde que nacen están involucrados sembrando en el jardín y organizando la tierra y los abonos. “Además hay un gusto por tener las cosas bonitas con relación a la tradición, conservarla y conocer la historia”. 

Así es como Luciana narra que quien inició todo fue su bisabuelo Juan Pablo, quien bajaba cada semana con una silleta a Medellín a vender frutas y flores para llevarle el sustento a su bisabuela, su abuela y sus tías. “Desde que él murió nos dejó muy presente lo que somos y de dónde venimos. Por él hemos estado ahí desfilando muchos años”. La silleterita cuenta cómo su prima de dos años escucha que van a armar silletas y “se pone como una loquita encantada”. 

Por su parte, Adriana Atehortúa, silletera de la Vereda El Placer, explica que incluso ahora “les gusta más a los nietos que a los hijos. A mi hermano le gusta elaborarlas, pero no cargarlas. En cambio, eso es lo que los nietos se pelean por hacer”. Cuenta que ella y sus hermanos, por ejemplo, empezaron a participar en la elaboración de las silletas de la familia cuando tenían diez años, mientras su hijo, que ahora tiene tres años, “ya está metido en todo el cuento”. 

En casa de los Atehortúa, los niños más pequeños ayudan a desgranar las flores, es decir quitarles el tallo, y a separarlas por colores mientras los mayores van dibujando y pegando las figuras. “Las nuevas generaciones son las que van a sacar adelante las ferias en el futuro porque no hacen siempre lo tradicional, sino que año tras año sacan cosas más novedosas”. 

Adriana empezó a enseñarle a su hija Maria Isabel Salazar Atehortúa las diferentes variedades de flores desde que tenía cinco años, y a los seis la llevó por primera vez a un desfile de silleteros. “Me sentía muy feliz viendo todo lo que me habían contado mis abuelitos. Que había gente muy emocionada saludándonos y admirando nuestro trabajo”, expresa Maria Isabel.

Para José Ángel Zapata, silletero de la Finca El Pensamiento en la vereda Barro Blanco, el acercamiento de los niños con la elaboración de silletas es intuitivo y natural, tal como lo fue cuando él aprendió de sus padres. “Éramos muy inquietos. Veíamos a nuestros padres elaborándolas y era uno desesperado buscando ramitos y florecitas para tapar los roticos que veía”, dice. 

Por eso a su nieta Celeste, de seis años, la deja jugar con las flores. “Casi todo el año practicamos jugando con ella para que cuando llegue la hora sepa cómo se elabora una silleta, cómo se hace un arreglo. De vez en cuando se le pone a recortar cartoncitos y pegar cositas, pero ellos están al punto de que innovan más que nosotros y nos van dejando atrás”.

Al llegar la adolescencia muchos de las ilusiones se materializan en intensiones de conservar el contrato de sus familias, explica Angélica. “Les dicen a los abuelos y a los papás que quieren que les hereden ese compromiso. Es muy bonito porque no hay que presionar. Eso está en el alma y el corazón”. 

Luciana no puede estar más de acuerdo. “Yo le dije a mi mamita, cuando tú no puedas cargar ese contrato me lo cargo yo por lo que sea. Yo no voy a dejar que se pierda porque es el orgullo de lo que somos”, expresa con seguridad, consciente de que es la heredera de un legado que un día estuvo a cargo de su bisabuelo, después de su bisabuela, luego de su abuela Angélica y un día será suyo. “Ese contrato y esta tradición no los perdemos por nada”.  

Para saber más: ¿Cómo se prepara Santa Elena para la Feria de las Flores?

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