La Feria, Personajes

Cometas en sus marcas y listas para volar en Altavista

cometas-en-sus-marcas-y-listas-para-volar-en-altavista

Por Maria Paula Hernández

Los cometeros más gomosos se preparan para el tradicional Festival de la Cometa, celebrado hace 28 años en el corregimiento. 

En el jardín de Alirio Quinchia, a la par de las plantas florecen las cometas. Junto a un frondoso arbusto de curazao cuelga una delta con los colores de la bandera de Francia, y debajo un helecho se acomoda una estrella de cuatro puntas recién terminada. Ambas hacen parte de una colección que ha construído durante 38 años y que sacará a relucir en el Festival Muncipal de la Cometa de Altavista, este domingo desde las 9:00 a.m. 

Con varios de sus ejemplares más especiales, Alirio aspira a ganar en la categoría de la cometa más creativa. Como es costumbre, también habrá premios para la más colorida, la más grande, la emblemática, la ecológica, la que más se eleve y la de mejor mensaje. Además se realizará el tradicional concurso gastronómico del mejor sancocho, frijolada y fiambre. Electrodomésticos de cocina, bicicletas y televisores están entre los premios que se llevarán los ganadores.

“Este año también premiaremos a la mascota más peculiar”, cuenta Yonny Alexander Acevedo, Presidente de la Junta de Acción Local de Altavista. “La pueden llevar disfrazada o que haga alguna parada en la tarima. La última vez que lo hicimos llevaron una gallina disfrazada. La dueña la llamaba por su nombre y ella se iba detrás de la señora”.

Cualquier persona puede participar y es solo cuestión de llegar con su cometa. Los que quieran concursar se podrán inscribir en la tarima; quienes quieran demostrar que preparan el mejor sancocho, solo deben llevar los ingredientes y allá se les asignará un puesto para cocinar.

Se espera que al evento asistan 5.000 personas o más, “porque la gente está cansada de estar encerrada en sus casas”, explica Yonny, quien creció haciendo cometas con las hojas de sus cuadernos  y elevándolas en el festival desde que era niño.

Una vida elevando sueños

De aquella época también se acuerda Alirio. “El paseo cada agosto era subir con los niños a alguna de las colinas del corregimiento y elevar cometas de papel”. Un día un amigo le regaló varios moldes “y ahí empecé. Vino la creatividad de hacer cometas más grandes, diferentes”.

Los encarretados eran varios. Se reunían también en otros meses del año con sus familias a compartir y aprender. La conversación un día los llevó a imaginarse cómo sería un festival de cometas en su corregimiento y no bastó más. Junto con otros compañeros de la Cooperativa Belén empezaron a darle cuerda al proyecto hasta que tomó vuelo. Hoy se trata de un evento que no puede faltar y es patrocinado por la Cooperativa de Belén, la Corporación de Acueducto, el Inder y la Casa de Gobierno de Altavista.

Una vez hizo la cometa de la paz para la Alcaldía, una paloma blanca de siete metros de ancho por cinco de alto que estuvo exhibida durante varios días en el Jardín Botánico, donde también ha dado algunos talleres. “Las cometas así de grandes suelen quedarse en exhibición porque se necesita mucho aire para elevarlas. Pero igualmente deben poder volar”.

Alirio explica que lo que define a un buen cometero, naturalmente, es que sus cometas se eleven: “de nada sirve una cometa bien grande y linda si uno se va a quedar parado al lado de ella”. Que llegue alto, o no tanto, depende de muchos factores. “En principio el tirante debe quedar bien ajustado para que haga estabilidad con la cola. Si le queda muy abajo, la cometa se le va a ladear; si le queda muy arriba, no se le va a elevar”.

La experticia se expresa como una mezcla de conocimiento e intuición. Papagayo, delta, redonda, farolito, fantasmita, estrella, farol… cada estilo tiene proporciones y medidas que un buen cometero debe conocer y saber modificar. “Las ideas van llegando a la imaginación y uno va diseñando, las va ensayando y les va dando la forma de levantarlas”.

No les pone nombre para no encariñarse. Tuvo una que le duró 12 años, era en forma triangular, simulando un gallinazo pero de muchos colores. “Uno es como un niño que se enamora de un juguete y cada agosto va y lo busca”. Esta vez la ocasión era especial: un concurso en el parque Juanes de la Paz en el que su gallinazo de colores se elevó tanto que acabó despareciendo entre las nubes.

Solo a una le puso nombre. Se trataba de un hexágono grande del que colgaban otros siete hexágonos más pequeños a manera de cola. Al volar, uno se situaba tras otro, y fue inevitable empezar a llamarla Gusano. Trabajó en ella de manera intermitente durante tres meses “pero el nylon se rompió en el parque Juanes de la Paz donde estaba concursando”.

Y logró recuperarla. Caminó por el barrio donde vio que había caído y pagó $15.000 para que se la devolvieran. Una segunda vez no corrió con la misma suerte. Elevó tanto su Gusano que fue imposible seguirle el rastro cuando se quedó con la cuerda en la mano y vio como a lo lejos el viento la arrastraba hacia Bello.  

Así ha aprendido que saber soltar también es parte de esta pasión, y por eso hoy conserva solo 17 de sus cometas más queridas. Cada una le recuerda el momento en que elevó un sueño, como lo expresa.

“En ese momento es solo usted y la cometa. No importa quién está al rededor suyo. Usted pierde la noción del tiempo, está metido en eso, disfrutando. Uno se vuelve un niño chiquito, vuelve a renacer de nuevo porque elevar una cometa es elevar un sueño, es elevar la cometa de la paz, es elevar una paloma bien hermosa, es elevar una estrella”.

La tradición cometera de la familia no termina con él. Entre sus sobrinos, hijos, nietos y otros jóvenes del corregimiento conforman un grupo de pupilos que le siguen la cuerda y que también ya tienen listas sus cometas para participar este domingo. La de Francisco Alexis Quinchía competirá por ser la emblemática y le hace honor a su pasión por el Deportivo Independiente Medellín. La de Josué Álvarez Quinchía será una estrella de colores que también debutará para ser la más creativa.

Ambos crecieron elaborando cometas con papeles de colores y espigas de caña verde que iban a coger en las montañas del corregimiento, relatos que comparten con muchos otros niños y jóvenes de la zona.

“La cultura de las cometas nos ha hecho una familia. El Festival es eso: un encuentro, con amigos de toda la vida y con gente que uno va conociendo. Somos una familia compartiendo un plato de sancocho, fríjoles, un fiambre. Se pasa tan bueno que, así uno gane o pierda, uno llega contento. Empantanado y contento”.

Compartir
shares