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Desde hace más de 70 años, estos buses de madera decorada se abren paso todos los días entre caminos de tierra dura e historias.   

Recibieron ese nombre porque el sonido de su claxon era similar al balido de los chivos. En algunos lugares también las llaman “buses de escalera”, solo “escaleras” o “líneas” y son las encargadas de mover estudiantes, comerciantes, campesinos y muchos de los alimentos que producen las fincas de cultivo en las zonas rurales del departamento y del país.  

Tienen más de 70 años y han sido las encargadas de consolidar las rutas que mueven las regiones más aisladas y conectarlas con los centros urbanos. Hay caminos por los que solo pasa una chiva, y de ella depende que los estudiantes de la vereda asistan a la escuela o que los enfermos puedan llegar a un hospital. 

Cada una tiene un nombre y una historia, pero en general la tradición se remonta a inicios del siglo XX, cuando empresarios antioqueños empezaron a importar camiones para facilitar el transporte de carga y pasajeros a los pueblos cercanos a Medellín. Luego de varios intentos fallidos, los hermanos José y Antonio Montoya consiguieron adaptar un camión a la forma de chiva que hoy conocemos y llevarlo hasta El Carmen de Viboral, como lo narra el investigador y fotógrafo Carlos Pineda en su libro Chivas, Arcoíris del camino. 

Algunos años después, ante la popularización del modelo, artistas locales empezaron a imprimir la magia que aún caracteriza estos particulares buses de madera, al decorarlos con figuras geométricas, religiosas o elementos del paisaje rural: las carrocerías empezaron a reflejar las montañas, fincas y lagos que adornaban el paisaje. 

“Eso va en el gusto del propietario y el estilo del pintor”, explica Hernando Sierra, artista decorador y ensamblador de chivas con 62 años de experiencia. Viajó con sus padres de Abejorral a Medellín a sus ocho años y a los 14 conoció el oficio en Barrio Triste. En aquella época, no era común encontrar carroceros en los pueblos y las chivas eran traídas hasta la ciudad, asegura.

“Uno se da a conocer. El dueño sabe cómo trabaja uno, le trae el carro y ya uno empieza. Coge un color y sabe cuál le va poniendo encima y se va yendo. Todo se va dando. Si el dueño quiere, en la parte de atrás le puede poner una figura religiosa o un paisaje”.  

Suelen elaborarse con madera de comino y tabasco, indica Sierra. El comino se elije por su durabilidad y el tabasco por su longitud para cubrir los costados largos de la carrocería.

¿Quién las bautiza? Generalmente el mismo que las ensambla, como explica Jorge Herrera, chivero de Ciudad Bolívar con 12 años de experiencia y propietario de El Cardenal. “A mi chiva le pusieron ese nombre desde que la hicieron y es muy normal respetárselo. Si viene con ese nombre, respéteselo”. Sobre su chiva, cree que quien inspiró su nombre fue un sacerdote muy reconocido en Jardín, municipio donde fue ensamblada. 

En ocasiones el nombre corre por cuenta de los viajeros. A La Papeleta, chiva de John Jairo Herrera, padre de Jorge, le puso así la gente por los sonidos explosivos que salían de su motor de gasolina y que anunciaban a lo lejos su llegada cuando aún venía entre las montañas. 

 

Un oficio que se hereda

 

“Mi papá ha sido propietario y conductor durante toda la vida y yo desde chiquito siempre anduve con él al lado de la palanca”, cuenta Herrera. 

Cuando terminó el colegio a los 16 le sugirieron que continuara con la universidad, pero él ya tenía claro el oficio al que se quería dedicar el resto de su vida: sería conductor de chivas como su papá. 

Al principio inició como ayudante y hoy es propietario de El Cardenal, una Ford Piragua modelo 1969 con un motor de seis cilindros que viaja tres veces al día hacia las veredas de Ciudad Bolívar, en el Suroeste de Antioquia. 

“Lo que se hereda no se roba. Yo madrugaba con tal de estar al lado de mi papá y uno se iba para la vereda. Que ayude a subir la viejita, ayude a bajar al niño, reciba al bebé… La gente de la vereda tiende a ver al conductor como un héroe, le cogen mucho cariño a uno y uno también le coge amor a eso. Se preocupan si uno ya desayunó, si ya almorzó, venga tómese la mazamorra”. 

A sus dos años, Juan José Herrera, nieto de John Jairo e hijo de Jorge, a penas está aprendiendo a hablar, pero ya identifica cada una de las chivas que llegan a Ciudad Bolívar y se sabe sus nombres. “Pasa una chiva y ahí mismo dice 'ahí va La Gitana'. Muestra una felicidad cuando ve un carro de esos y hay que montarlo. Eso se lleva en la sangre”, dice Herrera con orgullo. 

Chivas para rato 

 

A pesar de que están elaboradas con modelos de carros antiguos, Sierra y Herrera coinciden en que la mayoría de chivas han sido modernizadas por completo en su estructura tecnicomecánica. “Siendo francos, si es por los propietarios, las chivas no se acaban porque hay una competencia sana de quién tiene la mejor”, expresa Herrera. 

La empresa a la que está inscrito inspecciona su vehículo cada dos meses y justo hace tres días tuvo la revisión de emisión de gases de Corantioquia: todo en orden. El chasis y las latas de la parte delantera tienen décadas, pero “internamente se les han hecho las mismas adaptaciones que puede tener un modelo 2021”, agrega.   

Ningún otro medio de transporte trabaja como las chivas en función del bienestar de la comunidad, explica, “donde llega la chiva es porque otros no llegan”. El primer viaje a las 5:00 a.m., el segundo al mediodía y el último a las 4:00 p.m. Cada día el motor de El Cardenal permanece prendido durante 12 horas y consume $150.000 en ACPM. Herrera trabaja cada uno de los días del año, sin descanso.

El valor del pasaje oscila entre $2.000 y $10.000, según la distancia que vaya a recorrer el pasajero y la carga que lleve. Y no solo se trata de eso, explica. “El teléfono mío suena cuántas veces al día y es preguntando si va para la vereda y trae dos pañales. Yo se los llevo y no le cobro. O sencillamente la señora me saca desayuno al día siguiente. Es el desembale de la vereda. Yo tengo esa responsabilidad frente a ellos y por eso escogí mi oficio. Hay un ambiente muy bonito, ven la línea con mucho respeto y la quieren mucho”. 

 

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