La Feria,

Caballitos de palo se tomaron Carabobo

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Por Camila Duque

Aunque este año no pudieron asistir tantos niños al desfile, la tradición se vivió en el Centro acompañada de la música de las bandas y las miradas de los espectadores.

La mañana lluviosa no paró al desfile de Caballitos de Palo que organiza Corbolívar, la asociación de comerciantes del corredor de Bolívar. A las 9:00 a.m. se dieron cita los organizadores y los participantes en el cruce de la calle 50 (Colombia) con carrera 52 (Carabobo) para dar inicio al recorrido que este año contó con menos niños que en años anteriores, debido a la pandemia.

La caravana de este año la encabezaron miembros de la Policía, en bicicletas adornadas adelante y atrás con canastas de flores coloridas que le daban vida a la mañana gris. En segundo lugar, venían los pequeños jinetes en sus caballos de madera con sus trajes típicos de sombrero, poncho y carriel. El grupo lo completaban las bandas marciales de la Cívica Infantil y Juvenil de la Policía Nacional y algunos chicos miembros del programa; y finalizaba la banda marcial de San Sebastián de Plamitas.

“Este año fue muy duro porque no pudimos hacer convocatoria”, comenta Olga Correa, asociada de Corbolívar. Sin embargo, para mantener involucrados a los niños que participan año tras año, implementaron unas estrategias interactivas en redes sociales que les permitían vivir la Feria de una manera diferente. “Hicimos una actividad para que los niños buscaran a los personajes que son protagonistas de la Feria o les dábamos pistas y ellos debían ubicarnos en el mapa. Buscamos la manera de hacer las cosas diferentes porque no todos los niños tuvieron la oportunidad de estar acá”, afirma.

Los que sí pudieron estar, lo disfrutaron en grande. “A mis hijas les encanta todo: ponerse el traje de campesinas, elaborar las silletas, montarse en el caballito de palo. Para ellas esto es como si estuvieran en un parque de diversiones, es increíble”, asegura Natalia Andrea Giraldo, una de las madres que trae a sus hijas cada año, salvo el pasado que decidieron quedarse en casa para cuidarse del virus.

En esta edición se tomaron todas las precauciones: los niños y sus acompañantes tenían el tapabocas, miembros de la organización del evento tenían aspersores con alcohol para hacer desinfecciones constantes y las formaciones en el desfile guardaban una distancia prudente entre los participantes. “Hemos podido llevar bien los protocolos, que es lo más importante, sobre todo porque hay niños involucrados y hay que mantenerlos seguros”, apunta Olga Correa.

Después de un año en el que no se pudo vivir la Feria como tradicionalmente se había hecho, los padres y las madres de los niños están felices de que una vez más vuelva a ser presencial porque esto ayuda a vivir las tradiciones de una manera más especial para los pequeños. “Nosotros tratamos de que sientan estos eventos, de que les genere mucho amor y que estén conectadas siempre. Además porque es una feria hermosa. Me fascina cuando tienen en cuenta a los niños”, concluye Natalia Andrea.

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