La Feria,

Un lugar para disfrutar de la costumbre paisa

un-lugar-para-disfrutar-de-la-costumbre-paisa

Daniel Cardona Henao

danielch@elcolombiano.com.co

Cerveza micheladas, un poco de tajín en algunas. O un “pote” enorme de jugo de caña para los que no la van con el licor. Eso sí, con hielo en el vaso para mitigar el calor que se posa sobre las tardes medellinenses en plena Feria de Flores. Ese paisaje de bebidas se suma a las delicias gastronómicas que ofrecen las Plazas de Flores y, así, conforman un escenario que recoge lo más representativo de la fiesta medellinense.

Mientras los visitantes de estos lugares —que durante la celebración se ubican en el Parque Norte, en Ciudad del Río y el Juan Pablo II— dan una probada a los líquidos que adquirieron, la dinámica del lugar corre a un ritmo tranquilo: la gente pasea con lentitud mientras señala las diferentes atracciones, charla entre sí, pasea a sus hijos, cuida a sus perros o se sienta a disfrutar de la vida paisa.

Por ejemplo, en el Aeroparque, la multitud desvía sus ojos cada vez que uno de los aviones sale o aterriza sobre la pista del Olaya Herrera. Y allí, en ese mismo lugar, que es el más grande de las tres plazas, se observan varios escenarios de entretenimiento.

En la parte más al norte, además de las casetas, que venden desde empanadas hasta obleas, hay artesanías y un escenario al que confluyen los amantes de la trova: los concursos del Arracachito y el Vivo entretienen a los curiosos, sobre todo por ser niños que demuestran un tremendo manejo de la improvisación.

Las notas vuelan en ese espacio arborizado, unos se echan en el pasto, otros observan de pie y los demás siguen ese camino. Como si la vida en estos lugares transcurriera más pasmosa. Al llegar al centro de la escena, rodeando varios anfiteatros —en los que se ofrece obras y títeres para los más pequeños—, hay cinco stands que tienen las delicias que ofrecen los corregimientos de Medellín. Allí se observan una concentración importante de gente, como Alicia Peñuela, una española que de todos los espacios se llevó un manjar.

“Es lindo tener estos espacios porque uno no alcanza a recorrer todo lo que ofrece la Feria, entonces ver todo recogido acá es una idea muy interesante”, analiza la ibérica que llegó a la ciudad con su novio desde el jueves y quien, dice, se dio cuenta que su estadía en la ciudad coincidía con las fiestas.

En esta Plazita también es común ver a los turistas hacer fila para tomarse fotos con las silletas y los silleteros, el alma de la celebración. Diana Romero, quien llegó desde Cartagena para su primera experiencia en esta conmemoración, no dudó en hacerse con el retrato y resaltó la dedicación de los campesinos de Santa Elena por este arte: “Es un trabajo muy bello, uno siempre ve los desfiles por televisión o por fotos, pero tener el detalle de estas obras y a los que los hacen llena el alma”.

A la par de los trovadores, las filas en las silletas y las personas que degustan los alimentos que allí venden, hay muchos niños que corren con la pelota por los prados. Ellos se distraen mientras sus familiares miran el cielo y hacen un brindis con su bebida. Y allí, yendo hacia el sur del lugar, hay un circo en el que los chicos guardan el balón, observan con curiosidad e intentan ocupar un lugar en la grada. Los padres, resignados, entran con ellos.

Y así, como pasa la tarde y llega la noche sobre la Plaza, la gente disfruta de un sitio que recoge todo lo característico de la Feria de Flores. Seguramente Arracachito, quien ya parece vencedor sobre el Vivo, le transmite esa tradición a la enorme cantidad de visitantes, mientras que estos degustan las delicias gastronómicas y miran despegar el último avión, ese que ya se lleva el aire primaveral de la ciudad a las alturas.

 

Compartir
shares