En Los Barrios,

Un gentío. Dos mil 40 niños de 42 preescolares y colegios. Además de padres, tíos, hermanos, amigos y hasta conocidos que acompañaron a cada uno de ellos. Fueron, entonces, dos desfiles: el de los silleteritos y el de los papás de los silleteritos. Más las bandas, más los espectadores, más los vecinos del barrio La Floresta, por cuyas calles pasan los niños disfrazados de campesinos, con silletas de icopor, desde hace 30 años.

“Es que esto es toda una tradición que no se puede perder nunca. Mírelos como se ven de lindos”, dijo Carlos Sánchez, cámara en mano, congelando los pasos cortos de los niños.

Treinta años. Doña Fabiola Tamayo Zuluaga está entre los organizadores desde aquella primera vez. “A duras penas eran los hijos de los del Comité de Participación Ciudadana de La Floresta… Ah, y Notas y colores, que ha estado siempre”, recordó. En la tarima principal estaban los trofeos y las medallas para cada uno de los niños participantes, esperándolos en el parque del barrio.

Cada vez hay niños más pequeños. En los primeros desfiles eran de cuatro años hasta los 16, pero ahora se ven campesinitos de brazos, con bigote dibujado, sombrero y silleta, por supuesto. Hubo niños que iban en coches, en triciclos, en bicicletas miniatura. Los que desfilaron intentaban conservar el orden, saludar, sonreír para las fotos. Todavía se usa pintar con marcador los bigotes y las patillas de los niños, todavía se estila que las niñas lleven trenzas.

Pero el barrio también se vistió de fiesta para el paso de los silleteritos. “En La Floresta se vive la Feria de las Flores”, se pudo leer en un casa. En el edificio Córcega había bombas en todos los balcones. “Esto siempre es así. Nosotros ya hemos ganado tres veces”, contó Luz Mery Castro. Lamentó que menos gente participe en el concurso de decorar las casas, pero aún son suficientes para darle color a las fachadas.

“Es ya una tradición que siempre queremos mantener”, concluyó Fabiola.

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