Forró su carro con monedas para exhibirlo en la Feria

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Mauricio A. Palacio B.

mauricio.palacio@qhubo.com

Lo que dice Luis Orlando Ortiz es que más fácil se le cae la uña al ladrón antes que quitarle una de las tantas monedas de 200 pesos que decoran su carro, una Renault 18 camioneta.

Este particular vehículo rueda por las calles de Medellín y a este hombre lo paran en cualquier esquina, lo hacen orillar y los curiosos se quieren tomar la foto con ese modelo 1986.

“Yo siempre dije que cuando tuviera un carrito viejo lo llenaba de monedas por todas partes”, comenta este hombre, a quien su familia le dice que está loco, pero él enfatiza que de loco no tiene nada, solo cumple un sueño que ha tenido desde pequeño.

“Lo voy llenando de a raticos”, cuenta Luis Orlando. Y no le falta sino una parte del capó y otro pedacito de la capota para dejar lista la nave.

“Este carro ha sido siempre el de la familia. Primero lo tuvo mi hermana, luego mi sobrina y ahora me tocó a mí. Esta es mi obra de arte, pero ya mi familia me dice que en este carro no se monta porque ya lo ve feo”, manifiesta entre risas.

Pero él no sabe de pena alguna y por eso luce orgulloso este carro, decorado con monedas de 200 pesos, de las nuevas y de las viejas, y su idea es presentarlo a los Guinness Records o, por lo pronto, sacarlo para la Feria de las Flores que se avecina, pero no ha contado con el apoyo para ponerlo a la vista de los asistentes a los eventos de la feria.

“Estamos en la ciudad innovadora, y quiero mostrarlo como mi gran innovación”, asegura él, bien convencido que como su carro no hay otro igual en el mundo.

Y su nave está enterita, prende sin chancletear y el motor tiene la fuerza suficiente para llevarlo a él a todas partes.

Eso sí, el peso de las monedas lo obliga a no meterle más de 3 pasajeros, porque ahí sí empieza a sufrir el carro.

“Es que queda muy pesado. Yo lo he sacado a pasear, pero no lo puedo echar las 5 personas. Ahí sí me da pena y me toca bajar un pasajero para que el carro nos lleve adonde sea”, apunta Luis Orlando.

Este particular vehículo pide pista para dejarse ver, eso sí, evite echarle dedo, porque es comprobado que más fácil se le cae la uña al ocioso, antes que una moneda a la lata del carro.

 

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