En Los Barrios,

Santa Elena ya recibe a los turistas de la Feria de las Flores

Daniel Cardona Henao

danielch@elcolombiano.com.co

Noemí, Gladys, Luz Mila se paran a contemplar las silletas en construcción que hay en la casa de la familia Londoño Londoño, en pleno corazón de la vereda Barro Blanco (Santa Elena). Ellas son las alegres integrantes de un grupo de 12 familiares que, entre otros, tiene a gente llegada desde Estados Unidos y Venezuela.

Con especial atención escuchan a Diego Alzate, esposo de Clara Londoño, quien les cuenta algo de los más de 60 años de tradición silletera de sus parientes, les enseña cada una de las especies de flores que hay sembradas en un su lote —que contiene las seis casas de cada integrante del clan— y les hace alguna de las demostraciones de lo que es cargar esas obras de arte a sus espaldas.

Clara, quien coloca las flores secas a la silleta con la que va a participar en el Desfile de Silleteros del domingo 12 de agosto, relata que cada año aumenta la cantidad de personas que confluyen en vísperas de Feria de las Flores a su territorio para observar lo referente a su trabajo. “Hay que decir, lógicamente, los días de fiesta son los que más afluencia tenemos, pero últimamente la gente ha querido madrugarle —y escaparle— a la multitud y están llegando masivamente con dos semanas de anticipación”, reconoce la hija de Blanca e Iván, quienes sustentan el linaje silletero de los Londoño.

Diego Londoño, hermano de Clara, dice que todo el año se acercan turistas, pero que es muy normal que en la época de la celebración lleguen desde otros países. Incluso, afirma, en 2017 recibieron a 8.500 personas, de los cuales 1.000 eran foráneos. Como ellos contratan sus recorridos con agencias, en el territorio ubicado en el corregimiento de Medellín no tienen que recurrir a aprender otros idiomas, aunque algunos sí lo están haciendo por fortalecer sus conocimientos.

En la mañana neblinosa del lunes 30 de julio, mientras los Londoño al cuadrado (así sale en el letrero que tienen en su finca) le echan chanzas a Gladys y su familia, la vida en Santa Elena transcurre tranquila, aunque sí hay una vibra del comienzo de las festividades en la ciudad. Las silletas al borde de las entradas de cada parcela, muchas con los vacíos —porque hay flores que, por no ser secas, se deben colocar con 48 horas de anticipación— anuncian que ya se viene el evento por el que el sector es tan popular.

A dos kilómetros de camino se encuentra El Paraíso, otra de las tierras exponentes de las extensiones silleteras. José Zapata ha dedicado su vida a cultivar un enorme jardín de una cantidad amplia de flores para surtir a los que cargan las obras de artes por las calles del centro urbano—este año lo harán, de nuevo, por la avenida Guayabal—.

Desde cuando su madre vendía flores, hasta la consolidación de su hijo Andrés como su mano derecha, la casa que él ha forjado es uno de los atractivos turísticos más importantes, tanto que hasta un terraplén de la propiedad funciona como parqueadero.

Según Andrés, la actividad de la Feria de Flores se siente hasta en la tranquilidad de su lote puesto que los visitantes le han madrugado y los silleteros han comprado flores desde el inicio del 2018, lo que ha significado que muchas veces deban suspender la labor diaria de cuidado (dedican cerca de 7 horas en esto) para atender al público.

“Es increíble la cantidad de extranjeros que llegan a visitarnos, además de otras ciudades del país, este año han madrugado más y han prendido el ambiente de la Feria. Esperamos, por lo menos, que vengan 3.000 personas”, comenta don José, quien adecuó gran parte de su casa para ofrecer a los curiosos imágenes y recuerdos sobre su trayectoria con El Paraíso en un museo.

Uno de los que también resalta la afluencia de público en el 2018 es Andrés Hincapié, asesor comercial de Destinos Santa Elena, una agencia que organiza los toures por las fincas silleteras y se enfoca en valorizar el trabajo de los campesinos. Él enfatiza en que, por su agencia, espera el arribo de 2.000 fóraneos (generalmente estadounidenses, chinos, puertorriqueños, venezolanos)

“Este año, por ejemplo, se ha visto que los eventos hechos en el corregimiento —como el desfile de silleteritos (julio 21) y el Festival del Sancocho (domingo 29 de julio)— han arrastrado gente al flujo en estas fincas, por lo que cada vez se nota un aumento significativo”, destaca el asesor, oriundo de la zona.

Pero el olor de las flores —y por esto se hace mención también a la Feria— no solo es en Barro Blanco, sino que en veredas como Mazo también tienen abiertas las puertas de las propiedades para quienes deseen aprender sobre esta cultura. Hay lugares como Abuela Sarito que no contienen silletas, pero sí una exposición de todo lo que concierte a la tradición de este sector.

La curiosidad del sendero inicial atrae a viajeros, quienes incluso hacen una pausa en su travesía al Parque Arví para acceder al sector. De acuerdo con Hincapié, en Mazo también se sienten los primeros aromas de la festividad de la ciudad, tanto que los letreros de fincas silleteras sobresalen con ahínco.

“En general nos hemos preparado para recibir a todos los visitantes, quienes nos visitaron con antelación, por lo que nos podemos imaginar la gran afluencia que tendremos en los próximos 15 días, algo que nos emociona como lugareños”, culmina el asesor, quien resalta todas las bondades de las brumas y los soles santaelenenses para forjar la tradición que engalana a Medellín.

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