En Los Barrios,
donde-estan-las-flores-de-medellin

Besitos, novios o geranios, botón de oro, curazaos, begonias y sigue. En Medellín ha sido tradición colgar flores en los balcones, una costumbre heredada de los pueblos antioqueños, en donde los jardines son el alma de muchas de las casas.   

Del campo a la ciudad  

Para María Orrego, del sector de Las Palmas, las flores son el recuerdo más bonito de su niñez, “me gustan mucho los jardines, desde muy pequeña, mi mamá y mi abuelita me enseñaron a cuidar las matas, yo me críe en Concordia, en una finquita donde cultivábamos hortalizas, ese era nuestro sustento, entonces siempre le he tenido mucho cariño a las planticas”.  

Hernando Ortiz lleva 27 años en el barrio Los Ángeles, en el centro de la ciudad, pero su sueño siempre ha sido vivir en el campo, “como no tengo una finca en donde pueda tener cultivos grandes, que es lo que siempre me he soñado, procuro cuidar mucho este lote y me preocupo en que siempre esté florecido. Ahora por ser Feria de las Flores hay que mantenerlo bien arreglado porque se ve más gente en las calles y gusta mucho”. 

Flores con historia 

La terraza, el patio, la esquina de la casa, cualquier rincón es un pretexto para sembrar plantas, comenta Daniel Esteban Londoño de Villa Hermosa, barrio ubicado en el centro oriente de Medellín, “mi familia decidió plantar este curazao hace 10 años, pero queríamos plantarlo para que creciera como un árbol y es muy particular, porque cada dos meses florece con unas pequeñas flores color violeta, unos meses estas son un poco más oscuras, otras veces más claras, todo depende de la temporada”.  

Este pequeño árbol se ha convertido en referente de la cuadra y las personas al pasar lo admiran por su colorido, le da vida a esta esquina, algunos hasta nos piden flores para llevarse a su casa, dice Daniel.  

Para Guadalupe García, del barrio Boston, las flores son un refugio y guardan recuerdos, “son la vida de esta casa, nos alegran los días. Si uno está triste, angustiado o se quiere distraer un rato, cuida las florecitas y así se le van las penas porque se acuerda de cosas bonitas, yo tengo 90 años y desde que tengo memoria siempre he estado rodeada de ellas”.  

Compartir
shares