La Feria,

¿Cómo se obtiene un puesto privilegiado en el Desfile de Silleteros?

Daniel Cardona Henao

danielch@elcolombiano.com.co

A los amantes de la Feria de las Flores no les importa el arduo sol, el tumulto ni el alto costo que tienen los palcos destinados para el Desfile de Silleteros. Ellos ya tienen todas las mañas para tratar de hacerse con el mejor lugar, sin necesidad de gastar un peso en boletería para los palcos y solo invierten en lo que quieren degustar.

Hay algunos como la familia Villamizar que ya saben cómo combatir los tres males: para el tumulto y evitarse el pago de un palco, salen desde las 7:00 a.m. de su casa en Pedregal y así hacerse al lado de las vallas;, y para escaparle al sol usan dos cobijas que sostienen en las vallas y alternan a cada miembro para que halen las otras dos esquinas.

“Venimos hace como 15 años y descubrimos que esta era una buena manera de no soportar el gentío ni el calor, además es una forma de marcar nuestra zona”, comenta Dora, la madre de Luciano y Camilo, dos chiquitos a quienes embadurnaron de protector solar y que juguetean por debajo de esa carpa recursiva.

Más adelante, avanzando por la calle 10 hacia la Plaza Gardel —en el estrecho callejón que queda de la “pelotera”—, se ve a un grupo de extranjeros que lograron una posición no tan ventajosa como hubiesen querido, pero que igual comparten alegres.

Matthew Mingley, inglés que vino de mochilero a Colombia, llegó por primera vez a este Desfile y no fue advertido de la absoluta popularidad que este tiene (al menos en cuanto a la gran masa que acude en cada edición a observarlo).

“No sabíamos que había tanto cierre de vías y caminamos 10 calles, más o menos, además que el calor que se siente es fuerte”, declara el foráneo que llegó con dos amigas de Suecia y un compañero de Polonia. Ellos pagaron la novatada, aunque la ansiedad por vivir esta tradición les hizo menos incómodas sus necesidades.

En medio del calor que emana del asfalto se ve a más gente tratando de llegar a los últimos lugares que hay sobre la barrera. Luego de la caminata y observar con sigilosidad los posibles huecos, Héctor Bustamante pone cuatro butacas negras —las cuales alquiló a un hombre dos cuadras atrás, por cinco mil pesos— y posiciona a su familia para que tengan vista privilegiada.

“Este año nos cogió la tarde y no pudimos sentarnos en la primera parte del recorrido (cerca a la estación Industriales del Metro), por suerte logramos quedarnos ahí para verlos”, declara el padre de Emiliano y esposo de María Paz, quien les hizo poner sombreros a todos para esconderse del “mono”.

Ya con las plazas casi llenas, los curiosos que llegan sobre la hora deben contar con una verdadera estrategia para poder mirar a los silleteros. Luis Miguel Ramírez, vendedor de guarapo de caña que ha estado vendiendo desde el 2001 en los alrededores del Desfile, cuenta que algunos tratan de meterse en cualquier roto que queda en el tumulto, pero que la mayoría se da al dolor y disfruta del ambiente.

“Las claves son simples: llegar temprano, venir con todo lo posible para cubrirse del sol y, sobre todo, tener toda la paciencia del mundo para soportar las multitudes”, reporta el vendedor de 50 años, quien aconseja a la gente para que tome el mejor camino para vivir la fiesta a plenitud.

 

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