La Feria,

Bonsáis: una escala de amor por la naturaleza y la Feria

Daniel Cardona Henao

danielch@elcolombiano.com.co

La relación entre el plano terrenal de la muerte y el renacimiento se está exhibiendo en el centro comercial Sandiego. Sí, así es, el término japonés Ukiyo-e se materializa en la edición 21 de la Exposición de Bonsai que se celebra durante la Feria de las Flores.

Los nipones —y en buena parte de la cultura oriental— hablan de pinturas del “mundo flotante” y así representan esa creencia, que tuvo su furor en el siglo XVII en los centros urbanos de Edo (la actual Tokio). Conocedor de esta historia, y de todo lo que rodea a los bonsais, Oswaldo Copeland —quien desde hace 21 años elabora esta muestra artística— decidió aplicar este motivo al festival de este año.

“Decidimos rescatar esta tradición japonesa y aplicarla a nuestros bonsáis de esta ocasión, en cada una cambiamos los motivos respecto a la anterior y esta explicación nos pareció interesante”, argumenta Copeland, quien reconoce que en su relación con la naturaleza nunca le interesaron este tipo de árboles.

Las azaleas, las nanas, los cipreses, los guayabos y los juníperos se posan sobre una gran parte de Sandiego, en especial sobre dos plazas: una representación de un jardín oriental y una estatua budista que canaliza las creencias de gran parte de esa zona del mundo. Y allí se acercan los visitantes para capturar con sus cámaras fotógraficas lo estético de la decoración.

Lina Rivas, quien llegó desde Yopal, fue una de las que aprovechó hasta la más chiquita de las “materas” para fotografiarse. “Es una exhibición muy linda, en la que se observan diferentes cosas, un arte distinto, y que sirve de complemento para esta gran fiesta”.

De hecho, los árboles no son los únicos que copan los pasillo del centro comercial sino que, como lo reveló Copeland, la Embajada de Japón se sumó a sus esfuerzo y por primera vez aportó para este evento de ciudad. El mismo creador de este espacio, quien hace 21 años decidió sembrar las primeras semillas de esta planta, comenta que es un alivio y un reconocimiento a su trabajo.

La entidad diplomática, además de generar su conocimiento, aporta cuadros y detalles para enriquecer la temática, lo que ilusiona con mejorar cada año en su obra. “Me puso muy feliz cuando me contactaron, es algo que demuestra nuestro crecimiento… también se ve evidenciado en que cada año es más la gente que saca un espacio solo para visitarnos”, apunta Oswaldo.

Precisamente esa influencia oriental, fortificada con los esfuerzos de la Embajada, ha hecho que los turistas se maravillen más con esta galería. Como Luis Miguel Morales, un barranquillero que destaca este como uno de los eventos más sorprendentes de la Feria: “Uno piensa que viene a ver dos o tres materas, pero observar la cantidad de árboles, algunos de mucha grandeza, hace que uno se relacione de una manera especial con la naturaleza, no piensa que haya alguien que se dedique con tanto esmero a estas bellezas”.

Por ahora, estos árboles a escala —como los llama Copeland— complementan a las tradiocionales flores que adornan la ciudad por estas épocas, pero, además, hacen que los visitantes tengan más opciones para visitar (incluso hasta el 20 de agosto) una temática diferente. Como dice su creador: “Esto no es solo venir a ver matas, sino a detallar cómo relacionarse con la naturaleza, así sea con los bonsais, es un estilo de vida”.

 

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