Personajes,

Autos Clásicos y Antigüos, un cuento de religión

Daniel Cardona Henao

danielch@elcolombiano.com.co

En la infancia de Cristian Monsalve había un lugar supremamente sagrado. El garaje en el que se guarda el Chrysler Windsor era inmaculado, no se podía comer ni jugar con pelotas ni correr por el lado. Es la religión de la familia Monsalve, que aprendió el oficio de cuidar aquel baluarte.

La historia alrededor de esta reliquia de 1948 la cultivó su padre, un hombre aficionado a los autos. Cristian recuerda que el carro siempre estuvo guardado y “si eran cuatro veces las que lo sacábamos durante el año, era mucho”. Eso sí, cada domingo lo arrancan para mantener la fisonomía del motor intacta. Esa es su forma de brindarle el rato de oración.

En 2009, y luego de comunicarse con el Museo del Transporte, el vehículo color turquesa comenzó a rodar por las calles que destina el Desfile de Autos Clásicos y Antiguos en cada Feria de las Flores. Para ellos fue la forma de terminar de instalar los mandamientos de su religión, siendo este día como la representación de su Semana Mayor.

Incluso establecen una vestimenta que recuerda a Charles Foster Kane, el personaje que interpretó Orson Welles en Ciudadano Kane: camisa blanca, pantalón negro, zapatos de charol y tirantas color negro. Para las mujeres, una falda negra y una blusa blanca.

Esta tradición, resalta Cristian, ha hecho que la familia se una más y hasta incluyen a las nuevas generaciones, como la tierna Valeri que desde ya sabe todo lo concerniente al automotor. “Es algo que preparamos desde abril, averiguamos bien el tema de la inscripción, los requisitos y empezamos a preparar nuestro carro para la exhibición. Es una pasión única”.

Modernizando los principios

28 años después, con más refuerzos que el Chrysler Windosr de los Monsalve, aparece la camioneta Dodge T100. Más moderna, y solo con cambios en el bumper, esta “nave” representa la historia de los Agudelo, una familia que es aficionada a restaurar y cuidar, que además participó de esta edición del Desfile con otros dos carros.

José David, el menos fanático —pero para nada indiferente—, recuerda que su padre Carlos siempre ha impulsado el gusto por las reliquias, aunque, comenta, la más antigua es la color turquesa que tenían estacionada en el parqueadero de EL COLOMBIANO.

“Él y mi hermano siempre han tenido gusto por esto, sobre todo por las que son tipo volqueta, pero este año decidimos inscribirnos por primera vez al Desfile porque esta hermosura (la Dodge) lo merecía”, resalta José David.

A su lado está Sebastián Pineda, un amigo de la familia que sí muestra demasiado interés en todos los detalles mecánicos. Además, le siguió la corriente al menor de los Agudelo en emular la vestimenta de los años 70, atreviéndose a hacer de hippies y hasta del Elvis de los últimos años, un disfraz que invitaba a los visitantes al Desfile a fotografiarse de inmediato.

“Yo ya había venido a ver los desfiles, soy un gomoso, pero en esta ocasión hicimos la gestión y nos encantó el evento, esperamos participar de los siguientes”, declara Pineda, otro de los nuevos feligreses de esta religión ligada a los autos antiguos, una que cada año expone la cantidad de adeptos que tiene, no solo en Medellín, sino en otras parte del país y del mundo.

 

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